GRECIA:
NUEVO GOBIERNO Y LA DEUDA EXTERNA
Grecia, cuyo nombre
oficial es República Helénica, es un país europeo, miembro de la Unión Europea
(UE), que junto a España, Portugal, Italia forman el arco sur de los países
europeos del Mediterráneo. Tiene una población
de once millones de habitantes, cuya capital es Atenas con una población
culturalmente muy homogénea, donde la mayoría habla la lengua griega y practican
el cristianismo ortodoxo (confesión cristiana, es la segunda iglesia cristiana
más numerosa del mundo después de la iglesia católica, apostólica romana). Esta geográficamente ubicada en la
encrucijada entre Europa, Asia y África.
Ante la crisis económica
mundial y que azotó de manera particular a las economías europeas y de ellas,
con mayor rigor las del arco mediterráneo, Grecia va alcanzar un déficit fiscal
de alrededor del 13% y de una deuda del 160% con respecto a su producto interno
bruto (PIB). Especialistas añaden que en
la gran crisis de 2008 y 2009, Grecia aplicó una política anti cíclica,
expandió el gasto fiscal para combatir la crisis mundial y siguió elevando la
deuda pública. Los gobiernos previos
presentaron a la Unión Europea informes que no reflejaban la gravedad de la
situación y que se pone al descubierto al final del 2009, la bolsa cayó por los
suelos y las agencias calificadoras de riegos calificaron los bonos de Grecia
como “basura”.
Viendo la situación, los
líderes de la Eurozona, Ángela Merkel (Alemania), Nicolás Sarkozy (Francia) y
con una importante colaboración del Fondo Monetario Internacional (FMI),
acordaron un paquete de ayuda de 130,000 millones de euros para el recate de la
economía griega, así como la condonación del 50% de la deuda. Grecia de
comprometía con la UE a reducir la deuda
en un 50% del PIB hacia el 2020 y que solo se lograría con durísimas
medidas de austeridad. (Despido de 30 mil trabajadores del sector público,
reducción de los salarios del sector público en un 20% y las pensiones en un
10%, entre otras medidas).
Lo impopular de estas
medidas trajo como consecuencia la existencia de voces disidentes en Grecia en
cuanto al origen de la deuda, que pretendían echar la culpa al pueblo heleno
tildándolos de “vagos”; cuando las tasas de interés que se pagaban a la deuda
externa eran muy altas y los capitalistas griegos se beneficiaron con las
subvenciones del Estado, sumado a la corrupción, la evasión oficial de
impuestos de la clase dominante y el
gastos en armamentos por la “amenaza turca” y la participación griega en la
OTAN.
En las elecciones
generales griega celebradas el pasado 25 de enero, sale victoriosa la formación
política de izquierda Syryza con el 36.3 % de los votos y rozando la mayoría
absoluta en el Parlamento. En una jornada electoral marcada por una afluencia a
las urnas (63.5%) los griegos optaron por el mensaje de esperanza y dignidad
propuesto por Alexis Tsipras, frente al discurso del miedo del status quo. En su
primera aparición ganada las elecciones Tsipras manifestó que: “el nuevo
Ejecutivo está listo para trabajar y negociar con nuestros acreedores una
razonable solución al círculo vicioso de la deuda…”. (El País Internacional,
versión digital del 26 de enero de 2014).
Pese a la complejidad que
entrañan estas negociaciones, observadores de todo el mundo están pendientes de
sus resultados por el impacto sobre la economía mundial y sus efectos en la
Eurozona. El FMI, la Comisión Europea y
el Banco Central Europeo le han extendido al gobierno griego cerca de 235,000
millones de euros (270 mil millones de dólares) en fondo de rescate a la fecha,
sin embargo esta ayuda no ha conseguido reactivar la economía de este país, ni
aminorar el peso de la deuda. Uno de los puntos centrales
de la plataforma del partido Syriza, consiste en la renegociación de los
términos de la deuda, y en aligerar las condiciones que los acreedores le han
impuesto a Grecia. El gobierno griego
dice que quiere eventualmente renegociar el 30% de las obligaciones del
rescate.
Uno de los puntos que negocia el actual gobierno griego con sus
acreedores es la concesión de un llamado "crédito puente". Esto se refiere a un préstamo temporal, que
solucione las necesidades de crédito en el corto plazo, mientras se busca una
solución más de largo plazo. Es un crédito puente hasta agosto de este año, lo
que daría tiempo para buscar una restructuración más integral de la deuda,
según lo desea el gobierno griego, frente a la resistencia de muchos de sus
acreedores principales como Alemania.
El objetivo central del gobierno es un cambio en las condiciones de pago
de la deuda, para reducirla, ya que las autoridades griegas sostienen que el
monto actual hace imposible pagarlo en su totalidad y asfixia el crecimiento,
haciendo más difícil que Grecia cumpla con sus obligaciones.
Tsipras ha dicho desde que llegó al poder que no quiere sacar a Grecia
de la eurozona. Pero algunos temen que
un colapso en las negociaciones con los acreedores podría llevar a esa
situación precisamente, con Grecia reasumiendo el control de su moneda y su
política monetaria.
El temor es que la salida de Grecia crearía una inestabilidad financiera
masiva en toda la zona euro y, para algunos observadores, podría desatar un
nuevo colapso financiero global.
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